Es indudable que practicar ejercicio genera beneficios. Pero cada vez más, surgen estudios que se enfocan en destacar lo negativo de practicar deporte: cuando se convierte en una adicción.

La vigorexia es un trastorno dismórfico corporal y las personas que la sufren se ven débiles, enclenques y se preocupan de manera obsesiva por su figura. Según el centro de Atención e Investigación de Socioadicciones en España, este trastorno va teniendo cada vez una mayor repercusión en la sociedad.

El perfil más frecuente es de hombres jóvenes de entre 18 a 35 años y se estima que en España afecta aproximadamente a un 5% de los usuarios habituales de los gimnasios. Por ello, es importante identificar cuándo el ejercicio pasa de ser sano a ser adictivo.

Algunas de las causas son:

  • Culturales: los medios de comunicación muestran a personas atléticas y musculosas como ejemplos a seguir.
  • Problemas fisiológicos: trastornos en las hormonas o en los mediadores de la trasmisión nerviosa del Sistema Nervioso Central.
  • Personalidad: tener una personalidad obsesiva, así como problemas de autoestima y tendencia a la timidez o introversión.

Las consecuencias más comunes son las siguientes:

  • Sobrecarga de entrenamiento: termina dañando los músculos, huesos y articulaciones, en ocasiones de manera irreversible.
  • Consumo de anabolizantes: de forma regular y durante largos periodos de tiempo, puede ocasionar daños graves a nivel hepático y renal, padecer hipertensión e incluso aumentar el riesgo de sufrir un infarto.
  • Consumo de esteroides: ocasiona problemas de infertilidad y aparición de pensamientos suicidas, manías y delirios.

 

Es peligroso cuando se llega al punto en el que el deporte empieza a afectar a la vida social, familiar y profesional de las personas, para dedicar todo su tiempo a entrenar. Por ello, para tratar la vigorexia es necesario analizar cada caso y conocer la causa que generó la adicción para establecer un tratamiento.