Según un artículo de El País, el fentanilo es un potente analgésico de uso médico, diseñado originalmente para paliar el dolor agudo en enfermos de cáncer, que al mezclarse con drogas como la heroína está provocando una epidemia de muertes por sobredosis en Estados Unidos y Canadá. Según el Departamento de Estado de EEUU, el problema del fentanilo se califica como “la peor crisis de droga en la historia de Estados Unidos.”

Mireia Ventura, doctora en Farmacia e investigadora de Energy Control en Barcelona, afirma que la entrada del fentanilo en el mercado norteamericano se debe a que es una droga barata y muy potente, y a que el suministro de heroína no satisface la demanda de estos países. “En general se adultera cuando no hay disponibilidad de una sustancia”, resume.

Cerca de 2.300 canadienses murieron el año pasado por una sobredosis de opioides. La situación sigue empeorando, pues los fallecimientos ligados a las drogas ilegales han aumentado un 50% en el primer trimestre de 2017 con respecto al año pasado en la provincia de Columbia Británica. Por primera vez, las muertes por la heroína superaron en 2015 a las de los homicidios por arma de fuego.

La ministra de Sanidad canadiense, Jane Philpott, comenta que “esta crisis es uno de los mayores desafíos de la salud pública de nuestro país, y ni siquiera podemos cuantificarla con precisión”. Philpott situó el fentanilo en el centro de su discurso de inauguración para el 25 Congreso Internacional de Reducción de Daños. La ministra anunció un plan de choque que incluye la apertura de nuevas salas de venopunción controlada y el encargo de un estudio epidemiológico que ayude a entender y atajar la crisis.

Entre julio de 2016 y marzo de 2017, el equipo de Mark Lysyshyn, epidemiólogo y profesor en la Universidad de British Columbia, analizó más de 1.000 muestras de droga de los usuarios de la sala de venopunción controlada de Vancouver, Insite (la primera narcosala de Norteamérica). Casi 8 de cada 10 contenían fentanilo. El 82% de lo que compraron como metanfetaminas estaba adulterado con esta sustancia y en el 83% de las muestras que se creía heroína se encontró también este peligroso opiáceo. En el 40% de la cocaína analizada apareció también el fentanilo, que resulta 100 veces más tóxico que la morfina. Quienes descubrieron gracias al test que lo que habían comprado contenía fentanilo no dejaron de inyectarse, pero la probabilidad de que redujeran la dosis fue 10 veces mayor.

“El estudio demuestra que la situación de alerta que vivimos está plenamente justificada” asegura el director general de la organizadora del congreso Harm Reduction Internacional, Rick Lines. “Si el análisis de drogas puede ayudar a los usuarios de un centro de venopunción, un lugar controlado donde no ha habido una sola muerte por sobredosis, imagina lo que puede hacer en la calle. Este tipo de intervenciones pueden salvar muchas vidas”, añadió durante la presentación del estudio Lysyshyn.

El test que se emplea en Vancouver da resultados en segundos y es adaptado de las tiras reactivas para analizar la orina. Una pequeña cantidad de droga se diluye en agua, se calienta y se introduce la tira. Si hay fentanilo, aparece una raya. Lysyshyn señala que, por ahora, el sistema solo detecta esta sustancia y no la cantidad, ni sus numerosos análogos.

El fentanilo entra en Estados Unidos de forma ilegal desde China, según el informe del Departamento de Estado. Mientras la Administración de Trump acaba de anunciar que Estados Unidos endurecerá las penas por poseer y traficar con drogas, Canadá ya tiene en el Parlamento una ley para despenalizar el consumo de cannabis y apuesta por la reducción de daños en forma de programas de intercambio de jeringuillas y salas de venopunción controlada.

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