El portal Código Nuevo se ha infiltrado en una fiesta «chemsex» organizada en Madrid. Las «chemsex» son orgias protagonizadas mayoritariamente por gays, caracterizadas por el consumo de drogas sin moderación, con el objetivo de mantener relaciones sexuales durante un largo período de tiempo. A pesar de ser una práctica aun minoritaria en España, la palabra empieza a sonar en las grandes ciudades entre el colectivo gay y se teme que se expanda como en otras capitales europeas. Una peligrosa moda.

¿Cómo es una «chemsex» en Madrid?

Todo lo que rodea este tipo de fiestas está envuelto de misterio. El infiltrado solo puede despejar dudas citándose en una panadería de Madrid con la persona de contacto, una chica que le da las indicaciones básicas: «La fiesta será esta noche, a partir de las diez, en un piso antiguo reformado que está en uno de los barrios más céntricos de la capital. ¿Dress code? Indiferente, aquí todos van desnudos».

También le deja claras las normas: «No eres periodista, no haces fotos y no identificas a ninguno de los presentes”. A las dos menos cuarto de la madrugada el redactor se infiltra junto a un amigo (fingen ser gays), se celebra en un edificio oscuro de «siete plantas y ventanales grises» del centro de la capital. La fiesta será en el quinto piso.

Cuando atraviesan la puerta blindada «un buen número de personas llevan ya varias horas sumergidas en su propio mundo

[…]. Dentro, pocas luces, muchas voces y algo de música electrónica». El ambiente lo describe como  «cargado, un olor denso y pegajoso, a partir de una extraña combinación de alcohol fermentado, comida rápida y fluidos corporales que impregna todos los rincones de la primera estancia. Allí, un pequeño grupo de invitados etílicos se manosea sobre colchonetas infladas. De un rápido vistazo, compruebo que, además de Andrea, solo hay una chica. El resto, todo hombres».

Entre otros datos interesantes el artículo menciona lo que parecen ser clásicos de las «chemsex», como un «cóctel químico de bienvenida» o la presencia de «varios blísters de pastillas azules y otra bandeja con sustancias que no llego a identificar». El infiltrado cree que entre ellas debe estar la mefedrona («mefa» o «miau, miau») un estimulante del que todavía no se conocen sus efectos a largo plazo y que facilita la desinhibición.

Alrededor de los infiltrados muchos hombres practican sexo sin reparar en su presencia. Ellos se fijan «en que no llevan preservativos» y, por lo tanto, en que «son también una fiesta para el VIH, la hepatitis y otras enfermedades de transmisión sexual». En este blog ya explicamos que esta práctica triplica el riesgo de VIH. A modo de conclusión, antes de abandonar el lugar el infiltrado confiesa que  «al margen de filias u orientaciones sexuales, lo que he visto ahí es de una crudeza casi animal».

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