Las sustancias psicodélicas tienen un efecto onírico que ha intrigado a los científicos, ya que su influencia en quien las consume se parece mucho a lo que ocurre cuando soñamos. Los eventos oníricos, por muy surrealistas que puedan parecer objetivamente, nos parecen válidos en su momento. Una reciente investigación de la Universidad de Zurich ha revelado que la semejanza entre los sueños y el efecto del LSD va más allá de este parecido.

La interacción entre el cerebro humano y las drogas es un proceso muy complejo, y resulta difícil distinguir qué sucede exactamente en el cerebro cuando se consume LSD. El consumidor de esta sustancia cambia las creencias e ideas que tiene sobre sí mismo (el autoconcepto) y sobre su alrededor.

Un grupo de científicos de la Universidad de Zurich ha estado trabajando para conocer el potencial terapéutico de las sustancias psicodélicas conocidas por generar alucinaciones. Su estudio ha contado con la participación de 25 voluntarios (algunos usando un placebo) y se ha centrado en los efectos del LSD, que tienen una duración entre 12 y 17 horas, y de la psilocibina, una sustancia similar cuyos efectos duran entre 4 y 6 horas.

Rainer Kraehenmann, miembro del equipo científico del estudio, señala que la medición de los estados alterados de consciencia se hizo a partir del marcador llamado surrealismo cognitivo a partir de descripciones en tiempo real acerca de lo que se experimenta.

Las experiencias que viven las personas que han tomado LSD no consisten simplemente en eventos extraños. Son experiencias mucho más vívidas y aparece un claro patrón de pensamiento menos relacional, en cierto modo creativo y menos ceñido a esquemas rígidos.

¿Qué hace que tras tomar LSD aparezcan sueños en estado de vigilia?

  • El LSD potencia el efecto en el cerebro de serotonina (un neurotransmisor que comunica neuronas)
  • Los receptores de estas células nerviosas captan una mayor cantidad de serotonina bajo los efectos de LSD

Kraehenmann y la resta de científicos han observado que la ketanserina bloquea el potencial onírico del LSD y anula la capacidad de trabajo de los receptores de serotonina 2A. De este modo, previene la posibilidad de que sustancias externas magnifiquen los efectos del neurotransmisor.

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