Terminadas las fiestas de Navidad, muchas personas pondrán fin a su cruzada por comprar los mejores regalos a sus familiares. Pero hay otro colectivo que prefiere esperar a que lleguen las famosas rebajas de enero para quemar la tarjeta de crédito.

Después del día de los Reyes Magos termina la temporada de alto consumo en los comercios, y muchas familias deben malvivir hasta fin de mes. Este evento se da por haber gastado más dinero del debido durante las festividades y deben esperar entonces, a cobrar el salario de nuevo. Un hecho que es conocido como la “cuesta de enero”.

Para combatir esta situación de descenso considerable de las ventas, los comercios lanzan sus mejores campañas y ofertas promocionales para atraer a todos los clientes posibles. Mientras que unos esperan hasta este momento como oportunidad para realizar las compras, el resto de gente se muerde las uñas pensando en aprovechar la ocasión. Algo que puede conducir al consumismo excesivo.

Bajo la apariencia de “oferta por tiempo limitado”, muchos comercios venden sus productos a precios “hiperreducidos” en comparación con otros meses del año. Un contexto que puede crear una situación de conflicto en las personas más vulnerables ante este tipo de influencias. Los posibles compradores sufren de ansiedad por no aprovechar la ocasión de adquirir un producto único o una “ganga”.

Es en este punto que son arrastrados hacia las compras compulsivas, porque se ven psicológicamente obligados a gastar su dinero para verlo bien aprovechado. La dependencia a las compras genera un comportamiento adictivo que hace que el individuo quiera consumir sin freno para paliar su ansiedad o cubrir alguna necesidad inconsciente. Este trastorno no sólo influye psicológicamente, sino que puede tener graves consecuencias a nivel físico si es llevado al extremo.

Ante tal situación, es necesario detectar los síntomas a tiempo para poder contrarrestar la actitud adictiva con el menor número de daños.